Uber ha dado marcha atrás en uno de los compromisos medioambientales más ambiciosos del sector del transporte urbano. La compañía ha abandonado oficialmente su objetivo de operar una flota completamente eléctrica en las principales ciudades del Reino Unido, Estados Unidos y Europa para el año 2030, tras reconocer que la transición hacia los vehículos eléctricos está perdiendo impulso a nivel global.

El anuncio fue realizado por el consejero delegado de Uber, Dara Khosrowshahi, durante su intervención en el Foro Económico Mundial celebrado en Davos, Suiza. Allí, el directivo admitió que el plan fijado en 2020 “simplemente no va a suceder” debido a una combinación de factores económicos, políticos y sociales que han debilitado el avance de la electrificación.
“Nuestro objetivo de ser totalmente eléctricos para 2030 no es realista con todo lo que está ocurriendo en la sociedad”, afirmó Khosrowshahi, quien insistió en que Uber seguirá promoviendo el uso de vehículos eléctricos en su plataforma, aunque sin un calendario cerrado para completar la transición.
Un compromiso que se aleja de la realidad
La meta de 2030 estaba estrechamente alineada con las políticas de descarbonización impulsadas por distintos gobiernos, especialmente en Europa, y con las promesas del Partido Laborista británico de acelerar el abandono de los motores de combustión. Sin embargo, Uber reconoce ahora que las condiciones actuales hacen inviable cumplir ese calendario.
Uno de los ejemplos más claros es Londres, considerada hasta ahora el mercado más avanzado de la compañía en adopción de vehículos eléctricos. Uber había prometido que la capital británica se convertiría en su primera ciudad con emisiones netas cero en 2025, pero los últimos datos muestran que la empresa aún se encuentra lejos de ese objetivo. A cierre del pasado año, solo el 40% de los viajes realizados a través de la plataforma en Londres fueron eléctricos.
La situación es aún más limitada en otros mercados. En el conjunto de Europa, apenas el 15% de los trayectos se realizan en vehículos eléctricos, mientras que en Estados Unidos la cifra cae hasta el 9%. Según Uber, el retroceso en los incentivos públicos ha sido clave en esta ralentización, especialmente en Norteamérica, donde la retirada de subsidios durante la presidencia de Donald Trump ha reducido el atractivo económico de los EV.
Costes, impuestos y menos incentivos
Uber ha señalado de forma reiterada los principales obstáculos que enfrentan sus conductores a la hora de pasarse a un coche eléctrico: los elevados costes iniciales de los vehículos, la escasez de infraestructuras de recarga y la falta de una política pública estable y coherente. A estos problemas se han sumado nuevas cargas fiscales y la retirada progresiva de ayudas estatales.
En Reino Unido, la reciente decisión de la canciller Rachel Reeves de introducir en el futuro un impuesto por kilómetro recorrido ha generado preocupación en el sector. El propio organismo fiscal independiente del país advirtió de que esta medida podría reducir significativamente la demanda de vehículos eléctricos.
Además, el fuerte aumento del precio de la electricidad desde la pandemia ha erosionado una de las principales ventajas de los EV: su menor coste operativo frente a los vehículos de combustión. Paralelamente, Uber ha reducido las bonificaciones que ofrecía a los conductores que utilizaban coches eléctricos, debilitando aún más los incentivos para realizar el cambio.
En Londres, los planes de electrificación también se han visto afectados por la decisión del alcalde Sadiq Khan de aplicar el peaje de congestión a los vehículos eléctricos, una medida que ha supuesto un golpe adicional para los conductores que apostaron por este tipo de movilidad.
Diversificación del negocio: llega Uber Courier
En este contexto de revisión estratégica, Uber ha anunciado el lanzamiento de Uber Courier, un nuevo servicio de entregas bajo demanda en Reino Unido. La iniciativa está dirigida tanto a particulares como a pequeñas empresas y busca facilitar la gestión de recados y envíos cotidianos.
El servicio ya está disponible en nueve ciudades británicas y la compañía prevé ampliarlo a 20 antes de que termine el verano. Con este movimiento, Uber refuerza su apuesta por diversificar su modelo de negocio más allá del transporte de pasajeros y la entrega de comida, áreas en las que ya compite con numerosos actores locales e internacionales.
La apuesta por los vehículos autónomos
Pese al abandono del objetivo de 2030, Khosrowshahi trató de proyectar una visión optimista a largo plazo, apuntando a la tecnología de conducción autónoma como un posible catalizador de una futura transición ecológica. Según el directivo, los robotaxis —que suelen ser eléctricos por diseño— podrían comenzar a operar en Londres incluso este mismo año, siempre que se complete el marco regulatorio necesario.
“Una de las ventajas de los vehículos autónomos es que todos son eléctricos. La revolución autónoma también será una revolución eléctrica”, señaló el consejero delegado, quien destacó además la buena disposición de los reguladores británicos hacia la inteligencia artificial y el transporte autónomo, así como la fortaleza del talento tecnológico del país.

Una brecha entre ambición y realidad
Por ahora, la renuncia de Uber a su objetivo de electrificación total para 2030 refleja una brecha cada vez mayor entre las ambiciones políticas y la realidad económica que afrontan empresas y consumidores. Aunque la compañía mantiene en su página web la aspiración de que el 100% de los viajes en Canadá, Europa y Estados Unidos sean de cero emisiones, no ha establecido un nuevo plazo para lograrlo.
El giro estratégico de Uber pone de manifiesto las dificultades estructurales de la transición hacia el vehículo eléctrico y evidencia que, sin un apoyo sostenido por parte de los gobiernos y un marco económico favorable, incluso las grandes multinacionales tienen problemas para cumplir sus compromisos climáticos.