En momentos en que la industria automotriz enfrenta uno de sus mayores retrocesos en la transición hacia los vehículos eléctricos (EV), nuevos reportes indican que Uber está reduciendo los incentivos para que sus conductores adopten vehículos eléctricos, una decisión que podría profundizar los desafíos de la compañía para cumplir sus metas climáticas y adaptarse a una regulación nacional cada vez menos favorable para la electrificación.

Este giro se produce en un contexto donde la adopción de EV se ha desacelerado drásticamente en Estados Unidos, impulsada por la eliminación de incentivos federales, la falta de infraestructura de carga confiable, el encarecimiento del crédito y el escepticismo de los consumidores. Con este panorama como telón de fondo, Uber —uno de los actores más influyentes en el transporte urbano— parece estar ajustando silenciosamente su estrategia.
Un programa emblemático que pierde fuerza en plena transición eléctrica
Desde 2021, Uber ha estado promoviendo activamente la transición hacia vehículos eléctricos, especialmente en grandes ciudades como Nueva York, Los Ángeles, San Francisco, Denver y Boston, donde lanzó el programa Go Electric, ofreciendo incentivos de hasta $4,000 dólares para conductores que renuncien a sus vehículos a gasolina o híbridos.
Este programa ha sido clave para acelerar la transición hacia EV dentro de la plataforma, ayudando a miles de conductores a amortiguar los altos costos iniciales asociados con la compra de un vehículo eléctrico. Sin embargo, según reportes de Bloomberg, Uber comenzó la semana pasada a reducir discretamente esos incentivos, lo que está desmotivando a muchos conductores que contemplaban realizar la transición.
Por ahora, el programa Go Electric continúa activo hasta el 30 de abril de 2026, con tiempos de respuesta estimados de tres semanas por solicitud, pero las fuentes indican que la disponibilidad podría disminuir y los requisitos endurecerse durante 2026, especialmente si los niveles de adopción siguen cayendo.
Uber se aleja de sus propias metas ambientales
El enfriamiento de estos incentivos no sería una simple reorganización financiera: según Bloomberg, Uber no va camino de cumplir sus objetivos internos de electrificación, compromisos que la compañía había promocionado como parte de su transición hacia una plataforma de “cero emisiones”. Durante este año, la empresa reafirmó que planeaba operar en Londres únicamente con EV antes de 2030, seguido por Norteamérica y Europa. Pero la realidad operativa estaría avanzando mucho más lento de lo proyectado.
En los últimos cinco años, los viajes realizados a través de Uber han aumentado sustancialmente, incrementando sus emisiones totales y dificultando la compensación ambiental. El retraso en la electrificación, por tanto, no solo preocupa desde un punto de vista ambiental, sino también reputacional y regulatorio.
El contexto político nacional: un muro adicional para los vehículos eléctricos
La reducción de incentivos por parte de Uber se enmarca en un clima político mucho más adverso para los EV en Estados Unidos. La segunda administración Trump, conocida coloquialmente como “Trump 2.0”, ha frenado buena parte de las políticas federales que favorecían la electrificación.
Entre estas acciones se incluyen:
• La eliminación del crédito fiscal federal de $7,500 para la compra de EV
Una pieza clave que incentivaba a consumidores y conductores de Uber a optar por autos eléctricos. Este beneficio fue anulado como parte del llamado “Big Beautiful Bill”, legislación elogiada por el CEO de Uber, Dara Khosrowshahi, pese a sus implicaciones en la electrificación del transporte.
• La relajación de los estándares CAFE
La administración Trump ya había eliminado previamente las penalidades para fabricantes que no alcanzaran los estándares de economía de combustible (CAFE), reduciendo aún más la presión sobre las automotrices para producir vehículos eléctricos.
• Nuevas normas del Departamento de Transporte
La semana pasada, el Departamento de Transporte propuso reglas que disminuyen la necesidad de que las automotrices vendan EV, permitiendo que modelos a gasolina e híbridos cumplan más fácilmente con los requisitos.
Este cambio representa un claro retroceso en las metas ambientales nacionales y crea un clima menos favorable para plataformas como Uber que buscaban impulsar la electrificación sin depender exclusivamente de capital propio.
Conductores atrapados entre el costo personal y las exigencias del mercado
A medida que los incentivos se reducen y los costos de los vehículos eléctricos permanecen altos, miles de conductores se encuentran en un dilema. Para muchos, la transición a un EV prometía una reducción significativa de costos operativos —desde combustible hasta mantenimiento—, pero el actual entorno económico ha cambiado la ecuación.
Además:
- La infraestructura de carga pública continúa siendo insuficiente.
- Los tiempos de espera en estaciones urbanas son aún largos.
- Los costos de financiamiento para adquirir EV siguen en aumento.
- Las baterías continúan encareciendo los modelos con rangos competitivos.
En algunas ciudades, los gobiernos locales están empujando regulaciones para que todos los vehículos de ride-hailing sean eléctricos, una medida que Uber ha rechazado argumentando que afectaría injustamente a los conductores independientes, quienes ya enfrentan ingresos variables y altos costos de operación.
Una carrera contra el tiempo frente a nuevas plataformas de movilidad autónoma
El retroceso en los incentivos ocurre justo cuando Uber se prepara para enfrentar una competencia feroz en el mercado de movilidad autónoma, liderado por Waymo y Zoox, que sí avanzan a un ritmo acelerado utilizando flotas completamente eléctricas.
Waymo, por ejemplo, ha triplicado sus viajes autónomos en 2025 y planea alcanzar un millón de viajes por semana en 2026, consolidándose como una amenaza creciente para el modelo tradicional de ride-hailing.
Uber también avanza en este terreno, con el lanzamiento de su servicio autónomo en Dallas, que empleará vehículos eléctricos operados por socios tecnológicos. Sin embargo, esta expansión tecnológica contrasta con el rezago en la electrificación de su flota conducida por humanos, que constituye aún la mayoría de los ingresos de la empresa.
Un futuro incierto para la electrificación dentro de Uber
La combinación de retroceso en incentivos, un clima político adverso, regulaciones menos exigentes y el avance agresivo de competidores autónomos sitúa a Uber en una posición difícil. Aunque la empresa continúa afirmando su compromiso con un futuro más limpio, sus acciones recientes muestran un ajuste que sugiere un cambio en prioridades o, al menos, una desaceleración deliberada.
Expertos en movilidad advierten que, para que Uber logre sus metas ambientales de manera creíble, deberá:
- Replantear su estrategia de incentivos.
- Acelerar la adopción de EV entre conductores humanos.
- Fortalecer alianzas con fabricantes de vehículos eléctricos.
- Adaptarse a un entorno regulatorio cambiante.
- Competir en un mercado autónomo cada vez más electrificado.

Mientras tanto, la pregunta central permanece sin respuesta clara:
¿Podrá Uber cumplir sus compromisos climáticos sin incentivar firmemente la transición eléctrica de sus conductores?
Por ahora, la evidencia apunta a que el camino será más largo, más complejo y más costoso de lo que la empresa anticipó.