Lo que durante décadas fue considerado un estatus inquebrantable en Estados Unidos —la ciudadanía por naturalización— hoy se ha convertido en motivo de preocupación para miles de inmigrantes que temen ver amenazada la protección que creían garantizada. Las nuevas políticas migratorias impulsadas por el presidente Donald Trump han generado un ambiente de incertidumbre incluso entre quienes ya cumplieron todos los requisitos para convertirse en ciudadanos estadounidenses.

El caso de Dauda Sesay, quien llegó al país escapando de la guerra civil en Sierra Leona y pasó casi diez años en un campo de refugiados antes de naturalizarse, refleja ese temor.
“Cuando tomé el juramento de lealtad, creí en la promesa de que pertenecía a este país”, dijo Sesay, hoy de 44 años y defensor de los derechos de refugiados. “Pero todo eso empezó a tambalearse”.
Miedo entre ciudadanos naturalizados
En los últimos meses, la administración Trump ha impulsado medidas que buscan ampliar las deportaciones, revisar procesos de naturalización y modificar quién puede reclamar el derecho a vivir en Estados Unidos. Entre esas medidas están:
- Intentos de eliminar la ciudadanía por nacimiento.
- Incremento en los operativos de deportación, algunos de ellos realizados por agentes encapuchados en ciudades como Chicago y Nueva York.
- Mayor escrutinio en aeropuertos y fronteras, donde incluso ciudadanos naturalizados han sido cuestionados o retenidos.
- Redadas donde ciudadanos estadounidenses han sido detenidos por error, lo que ha derivado en demandas federales.
Muchos naturalizados cuentan que ahora no viajan sin su pasaporte, aunque tengan identificación REAL ID. Otros evitan incluso salir del estado donde residen.
El temor a la “desnaturalización”
A la preocupación se suma un memorando del Departamento de Justicia emitido este verano, donde se anuncia un aumento en los esfuerzos para revocar la ciudadanía de inmigrantes acusados de ciertos delitos o considerados riesgos de seguridad nacional. La posibilidad de perder un estatus que solía ser permanente está generando alarma.
El presidente Trump incluso llegó a amenazar públicamente con quitar la ciudadanía a políticos opositores naturalizados, como el alcalde electo de Nueva York, Zohran Mamdani, de 34 años.
“Lo que creíamos una protección se siente ahora como arena movediza”
La senadora estatal de Nuevo México, Cindy Nava, quien vivió indocumentada antes de obtener DACA y finalmente la ciudadanía, afirma que nunca había visto tanto miedo entre ciudadanos naturalizados.
“Personas que antes se sentían completamente seguras ahora tienen dudas reales sobre si su estatus puede ser cuestionado”, dijo.

Historiadores como Stephen Kantrowitz, de la Universidad de Wisconsin-Madison, recuerdan que la idea de ciudadanía en Estados Unidos siempre ha sido moldeada por decisiones políticas. Desde leyes que en 1790 solo permitían naturalizarse a “personas blancas libres”, hasta la exclusión de asiáticos en 1924 o la internación de ciudadanos japoneses durante la Segunda Guerra Mundial, la ciudadanía nunca ha sido tan inamovible como muchos imaginaron.
Un sentimiento de traición
Para Sesay, el actual clima político representa una ruptura con lo que creyó cuando juró lealtad al país.
“El país al que le juré compromiso no es el mismo que veo hoy”, afirma.
“Eso no es la América en la que creí cuando puse mi mano sobre el corazón”.