La ciudad de Charlotte, una de las comunidades con mayor crecimiento y diversidad del sureste de Estados Unidos, enfrenta un ambiente de tensión, miedo y profunda incertidumbre luego de que equipos federales de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) ejecutaron “Operación Charlotte’s Web”, un amplio operativo que dejó al menos 81 inmigrantes arrestados en apenas 48 horas. Las redadas, descritas por líderes locales como “una ocupación sin precedentes”, provocaron el cierre de negocios, protestas masivas, caída de la actividad económica y un sentimiento de vulnerabilidad incluso entre ciudadanos estadounidenses de origen latino.

Charlotte vivió este fin de semana uno de los operativos federales más agresivos en la historia moderna del estado, según activistas, funcionarios locales y organizaciones comunitarias. La intervención, realizada por agencias federales sin previo aviso, afectó de forma desproporcionada a comunidades latinas, afrocaribeñas y asiáticas, pilares de sectores esenciales como la construcción, limpieza, servicios, restaurantes y manufactura.
Los operativos iniciaron antes del amanecer del sábado. Residentes reportaron vehículos sin identificación, agentes encapuchados, irrupciones abruptas en tiendas y detenciones en vía pública. Videos difundidos en redes sociales muestran camionetas negras cercando estacionamientos de supermercados, agentes apuntando a trabajadores y civiles siendo interceptados sin explicación.
En pocas horas, la ciudad cambió drásticamente. Manolo’s Bakery cerró por primera vez en 28 años. Las zonas comerciales de East Charlotte estaban desiertas, algo inédito en un fin de semana previo a Acción de Gracias. Restaurantes, lavanderías y tiendas latinas reportaron caídas del 60% al 90% de clientes. El concejal electo JD Mazuera Arias describió la escena como “un apagón social”, afirmando que Charlotte pasó de un auge económico a un silencio absoluto y que parecía una ciudad militarizada.
Uno de los momentos más indignantes ocurrió cuando agentes rompieron la ventana del auto de Willy Aceituno, un ciudadano estadounidense nacido en Honduras. Videos muestran al hombre gritando “¡Soy ciudadano!” mientras es tirado al suelo y esposado. Fue liberado horas después. Otro caso generó furia en redes: un trabajador de Super G Mart, aparentemente menor de edad, fue sacado a la fuerza del supermercado ante los gritos de clientes. También se reportó a agentes persiguiendo a jardineros que colocaban decoraciones navideñas en vecindarios del este de la ciudad.
El impacto emocional se extendió incluso a quienes tienen estatus legal o ciudadanía. David Rebolloso, veterano del ejército y propietario de lavanderías, dijo que nunca había sentido tanto miedo y que incluso pensaba en cargar su pasaporte para evitar problemas. Organizaciones comunitarias confirmaron familias encerradas en sus hogares, padres que no enviaron a sus hijos a la escuela, trabajadores que abandonaron sus turnos por miedo, mudanzas improvisadas durante la madrugada y personas destruyendo documentos o cambiando rutinas.
Funcionarios locales denunciaron la ausencia total de comunicación por parte del gobierno federal. La representante estatal Aisha Dew cuestionó el operativo afirmando que Charlotte no está cerca de ninguna frontera. El sheriff de Mecklenburg, Gary McFadden, reiteró que su oficina no colabora con ICE ni CBP desde 2018, pero reconoció que no pueden impedir operativos federales. Según McFadden, algunas comunidades celebran estas acciones, pero otras vivirán con miedo por meses o incluso años.

Organizaciones como Siembra NC y Carolina Migrant Network confirmaron que el sábado rompió el récord del mayor número de inmigrantes arrestados en un solo día en Carolina del Norte. La respuesta comunitaria fue inmediata: hotlines colapsadas con cientos de llamadas, voluntarios ofreciendo transporte seguro, entrenamientos legales improvisados, redes de apoyo para niños cuyos padres fueron detenidos y una fuerte movilización de grupos de defensa.
Estas redadas siguen a operativos violentos en ciudades como Los Ángeles, Chicago y Houston, en el marco del segundo mandato del presidente Donald Trump y su promesa de deportaciones masivas. Desde la reelección, miles de inmigrantes han abandonado voluntariamente Estados Unidos, otros se han refugiado en iglesias o han huido a otros estados, y empresas reportan una falta crítica de mano de obra.
Economistas locales estiman pérdidas entre 7 y 12 millones de dólares solo durante el fin de semana. El concejal Mazuera Arias advirtió que la economía de Charlotte no puede avanzar con miedo y que el impacto afectará a toda la ciudad, desde la construcción hasta los restaurantes.
Mientras algunos residentes celebran las redadas bajo el argumento de “la ley es la ley”, otros temen que esta intervención sea solo el principio de una vigilancia continua. Para muchos inmigrantes, el dilema ahora es existencial: si es posible seguir viviendo en Charlotte o incluso en el país. Daiana, madre de dos hijos ciudadanos estadounidenses, expresó que ya no sabe si su familia está segura y teme que Estados Unidos esté dejando claro que no quiere a familias como la suya.